Ciudades que aprenden

Ciudades que aprenden

Por Mayra Rojas

Como exbecaria de CONACYT, un día revisando su página me encontré con una convocatoria de Openlabs. Hacía una invitación para poder colaborar con proyectos que serían desarrollados en el marco de un laboratorio ciudadano, Ciudades que aprenden. Me llamo la atención y decidí postular. Cuando recibí formalmente la aceptación indicándome además el proyecto en el cual colaboraría me sentí por supuesto contenta, y con grandes  expectativas sobre lo que vendría.

Mi experiencia inició con esa carta de aceptación, faltaban aún meses para arranque formal del Laboratorio y en mi equipo empezábamos ya a trabajar, pronto empezamos a tomar acuerdos, se iban generando avances, tareas, compartíamos información. Este trabajo previo al arranque formal del laboratorio nos iba integrando.

Openlabs tuvo una excelente gestión del evento, fueron los suficientemente cuidadosos con todo el proceso, previo, durante y posterior.  Su punto más asertivo: construir una comunidad, donde personas de diversas parte de mundo, experiencias distintas, formaciones  académicas distintas compartíamos algo: querer experimentar, construir de manera colaborativa, cooperar.

Compartíamos desde antes de conocernos, inquietos, curiosos por llegar al laboratorio. Por fin llegó el día, sabíamos ya quiénes estarían, nos esperábamos. Fue un éxito crear un grupo para mensajes, íbamos compartiendo la llegada de nuestros compañeros y amigos.

Durante el laboratorio Ciudades que aprenden vivimos experiencias que nos tocaron como seres humanos,  aprendimos nuevas formas de convivencia, formas de cómo vivir juntos, crear comunidades, aprendimos metodologías, prácticas para intercambiar y crear conocimientos. Ciudades que aprenden fue una fuente de inspiración para crear nuevas formas para la resolución de problemas. Formas flexibles, incluyentes, participativas que se convertían en un oasis dentro de las sociedades individualizadas, atomizadas. En las democracias modernas requerimos urgentemente  de la reconstrucción del tejido social y Openlabs abre una gran posibilidad para encontrarnos con el otro e innovar, solucionar.

Personalmente el laboratorio significó un espacio de afectos para construir en pro del bienestar común, generar proyectos de innovación social que propongan, es una posibilidad de reconstruir lo social a partir del reconocimiento del otro. Y entonces cuando pareciera que las políticas son cada vez más estrechas, con mayores limitaciones surgen los laboratorios sociales donde los ciudadanos nos encontramos, nos reconocemos e innovamos.

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